Clori, Tirsi e Fileno (HWV 96), extensa cantata para tres voces solistas compuesta durante la estada de Handel en Roma, cuando el sajón se desempañaba bajo el patrocinio del Marchese Ruspoli, corresponde al último trabajo discográfico de La Risonanza.
Si bien el libreto de esta cantata dividida en dos partes es de un carácter marcadamente ligero, es material suficiente para inspirar la vasta imaginación del caro Sassone y permitirle dar forma al perfil psicológico de cada personaje, brindar un natural desarrollo a los enredos amorosos y recrear las constantes alusiones a la naturaleza. Y la partitura logra magistrales momentos, algunos de los cuales incluso serán retomados en posteriores creaciones para la escena londinense.
Apoyada de un variado conjunto instrumental, con oboe, flautas dulces, un laúd y el soporte de las cuerdas y el continuo, Clori Tirsi e Fileno es desde la espléndida Ouverture hasta el terzetto final (de acuerdo a la segunda versión, retocada por Handel un año después), y a través de la alternancia de recitativos y doce bellísimas arias, una pequeña gran fabula pastoral, con la respectiva moraleja al cierre.
Roberta Invernizzi, Yetzabel Arias Fernández y Romina Basso, tres excelentes voces con características propias y diferenciables, asumen con un absoluto compromiso cada rol. Cabe destacar a una sólida Risonanza, dirigida desde el clave por Bonizzoni.
George Frideric HANDEL Clori, Tirsi e Fileno, HWV 96 Duetto – Scherzando sul tuo volto (Clori e Fileno)
Vergnügte Ruh, beliebte Seelenlust, Dich kann man nicht bei Höllensünden, Wohl aber Himmelseintracht finden; Du stärkst allein die schwache Brust. Drum sollen lauter Tugendgaben In meinem Herzen Wohnung haben.
Tristes déserts, sombre retraite, Rochers à qui toujours j’ai confié mon sort; Ecoutez le récit de la douleur secrète Qui me fait ciurir à la mort: J’amais, j’étais aimé; Du bonheur de ma vie, Les Rois, les Dieux étaient jaloux. Hélas! Ce temps n’est plus, L’infidèle Sylvie, de mon rival A fait son époux. Tristes déserts, sombre retraite, Rochers à qui toujours j’ai confié mon sort; Je vous ai dit l’excès de ma douleur secrète, Vous serez témoins de ma mort.