lunes, 5 de julio de 2010

Alegrías y sinsabores en la vida de un Kapellmeister


Hacia finales del año 1717, Johann Sebastian Bach se traslada con su familia desde la ciudad Weimar a la pequeña corte de Köthen. Acaba ser nombrado Maestro de Capilla del príncipe Leopold von Ahalt-Köthen (1694-1728), un cargo que le atribuye un sinnúmero satisfacciones musicales, personales y económicas. Con treinta y dos años, Bach alcanza la cúspide de la jerarquía musical de su época.




Bach en Köthen

Educado exquisitamente tanto en la política y como en el humanismo, el príncipe Leopold gozaba además de un excelente talento y gusto musical. Era un hábil cantante con voz de bajo y un versado tañedor de violín, clave y la viola da gamba. Y nada extraño resultó que antes de asumir el poder, en 1716, y al regreso de sus viajes de instrucción académica, se preocupara de dar vida a una rica capilla musical, que en 1717 ya contaba con dieciséis excelentes instrumentistas. El primer Kapellmeister fue Augustin Reinhard Stricker (h.1675-h.1720), sucedido a los tres años por el ex organista de la corte de Weimar, Johann Sebastian Bach.

Éste es un período en el que las obligaciones del Kapellmeister apenas atendían la composición de música vocal, (una cantata para el cumpleaños del príncipe y otra para año nuevo) y menos frutos cosechaban en el terreno sacro, ya que Köthen era oficialmente calvinista, credo que rara vez acompaña musicalmente la liturgia. Un hecho que Bach contrarrestó avocándose casi exclusivamente a la escritura instrumental de extrema calidad.

Aunque la producción musical sobreviviente es mínima en comparación a la intensa actividad de la capilla musical, al menos nos queda el legado de una decena de composiciones fundamentales para la historia de la música, rescatadas en oportunas copias manuscritas: la primer parte del clave bien temperado, las sonatas y partitas para violín solo, algunas de las suites orquestales, los célebres seis solos para el cello, el primer esbozo de las suites francesas y los conciertos para diversos instrumentos dedicados a Cristián Luis, margrave de Brandemburgo, delineados con anterioridad, pero firmados en el autógrafo de 1721.

Mas no todo fue alegría en la vida del genio musical. A mediados de julio de 1720 y al retornar de un viaje junto al príncipe, Bach se entera de la muerte de su esposa, Maria Barbara, ocurrida pocos días antes. Y a la desolación familiar, se añade un inesperado desencuentro artístico-profesional: el melómano príncipe pierde repentinamente todo interés por las artes y desatiende su capilla musical. Al parecer, Leopold fue influido fuertemente por su reciente esposa, la princesa Federica Henrietta von Anhalt-Bernburg (1702-1723), tildada de “amusa” por el propio Bach.

Pero había cuatro hijos que resguardar y una necesidad musical que satisfacer. El nuevo matrimonio con Anna Magdalena (1721) aplacó la tristeza y brindó el apoyo necesario en la vida del compositor. Y la vacante en el puesto de Kantor para la iglesia de Santo Tomás en Leipzig, fue la solución que Bach vio en el ámbito profesional. Cargo que, tras un enredado y dilatado concurso, finalmente obtiene. Pero los detalles de este evento corresponden ya a otra parte de la historia…




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